¿Por qué no podemos aprender de
alguien como Pipo? Si lo observamos
veremos que no tiene complicación ninguna. Es un ser simple que vive preocupado
por su pelotita, por las caricias de su mami y por correr detrás de las hojas
llevadas por el viento. No piensa en nada.
Oh, qué bonito sería no pensar.
Eso es lo que deberíamos aprender de Pipo. A no pensar. ¿Por qué nos esforzamos
por complicar las cosas con lo fáciles que podrían resultar? Si no quieres
estudiar, no estudies. Si quieres dormir…¡duerme! Si te apetece saltar pues te
vas con Pipo abajo y te pegas dos saltos de esos que hacen crujir la rodilla.
¿Por qué aparentar que se quiere
ser normal, si lo que nos apetece es hacer el subnormal?
Nos pasamos la vida creyendo que
debemos tener sueños, que debemos tener aficiones. Todo porque así nos educan.
Nos hacen ver que tener hobbys es mejor, que estudiar una carrera es mejor. Pero
quizás, después de un tiempo (bien largo) dedicándote a estar en un sofá medicándote
esperando lo inesperado, tus sueños cambien sin darte cuenta. Puede que te
plantees si lo correcto verdaderamente lo es o a ver porque sentarte en un
banco a ver pasar la vida no puede ser una afición.
No os asustéis, no voy a dejar la
carrera y ¡mucho menos dejar de cocinar! Sólo digo que las ilusiones cambian y
no siempre se mantienen los mismos sueños ni aficiones. Que no tengáis miedo a
decir: ¡pues resulta que ya no me gusta tanto eso de las matemáticas oye! Y además
el pimiento ya no me gusta…
Las personas cambian con el
tiempo, la vida cambia con el tiempo (y menos mal) y lo normal es evolucionar
con ella.
Ciertamente, no os voy a engañar,
me encuentro un poco perdida en el tema de vivir. No sé bien si lo supuestamente
correcto es lo adecuado para mí en este momento o si debería hacer más el
subnormal, que es lo que me llama más la atención ahora mismo. Sea lo que fuere
el caso es que lo mejor es pensar menos. No dejar que nos dominen nuestros “súperyo”
exigentes y dedicar más tiempo a observarnos y escuchar qué nos pide nuestro
cuerpo. Porque al fin y al cabo él marca el ritmo.
No tener miedo a admitir que no
nos gusta la normalidad y dejar de intentar aparentar y simplemente SER, que
hoy en día, ya es un trabajo bastante costoso.
